martes, 7 de octubre de 2008

EL TUNEL DEL TIEMPO

PASAJE OBELISCO SUR (2006)

Como esas fotos sacadas desde el interior de un auto o un tren en movimiento, con el fondo todo movido, el pasaje obelisco sur permite contrastar a la velocidad con lo estático: arriba, la 9 de Julio, el Obelisco, la modernidad; abajo, otro mundo.



Un cartel en una vidriera que expone diarios viejos dice: “El túnel del tiempo”. Si bien ese el nombre de un local de antigüedades, describe tal cual a toda la galería.
Un túnel que frena el tiempo. Parece como si hubiera parado hace muchos años, es un lugar lleno de recuerdos, con gente que da la sensación de haber estado allí desde siempre y de haber sido siempre como es hoy.
Al ingresar a este submundo, uno se impregna de ese olor a antiguo, propio de los negocios chicos y de esos bares a los que van habitues, que siempre desayunan lo mismo y ya conocen a los mozos.
Las paredes viejas y rasgadas están repletas de cuadros, grafitis y dibujos. En un negocio venden carteles bien coloridos al estilo La Boca o San Telmo; en el local de al lado ofrecen objetos antiguos, libros, discos, relojes, películas, que solo se encuentran ahí; y a un costado, sentado en el suelo, un hombre canta y toca la guitarra.
En “Sur Pelos y Barbas”, los hombres pueden cortarse el cabello de camino y llegar prolijos al trabajo. En el local hay dos sillas de esas de las peluquerías barriales de las películas, y sobre una de ellas, el coiffeur lee el diario y toma mate.
Hay un código entre las personas que trabajan en la galería. Armando, que vende mochilas, se asoma y grita: “Juan, Juan! Acá hay otro en contra de independiente”.
Siguiendo por el túnel, aparecen dos casas de lustrado: “Amigo muy cordialmente lo esperamos para darle a sus zapatos el brillo más reluciente”, invita un cartel en uno de los salones, mientras que en el otro se publicitan las tintas y pomadas Inmortal.
Las paredes están decoradas con un cuadro de Carlos Gardel y el almanaque del
diario Olé, con fotos de chicas en ropa interior. Hay distintos tipos de lustrado: el común (tinta y pomada), el especial (tinta, pomada y cera), arola (una crema), arola con cera, gamuza y blanco.
Una pareja de tercera edad pasa caminando y el hombre comenta: “Acá lustran muy bien”.
La mayoría de los hombres, mientras le lustran sus zapatos, le escapa la mirada a los lustradores, si es que no está leyendo la revista Hombres. ¿Por qué una persona no puede lustrar sus zapatos? ¿Por qué hay gente que tiene que trabajar arrodillada ante otra, como si le besara los pies, como si la adorara?
Raúl Villegas vive a media cuadra del pasaje, tiene 54 años, y trabaja hace 17 como lustrador en esta galería, de lunes a sábados durante todo el día.
Comenzó por falta de trabajo y aprendió prestando mucha atención a sus compañeros más experimentados. Hace dos años es encargado, desde que el dueño del local “quedó parapléjico por un ataque de presión”, explica con los ojos llenos de lágrimas.
Cuenta que tienen 15 clientes fijos con los que tiene una buena relación y otros que pasan de vez en cuando, de camino. Y comenta orgulloso que ahí se filmaron tres películas: Nueve Reinas, Comodines y Conflictos de Familia. “Yo actúe en las tres”, recuerda.
Para Raúl, “arriba es un mundo aparte”. “La gente anda mas apurada, acá es más tranquilo”, agrega.
Es verdad, la gente frena cuando baja a este túnel, y ya no grita como lo hace afuera.
Este lugar es mágico, pero todo cambia de ritmo varios metros más arriba: Mc. Donalds, los turistas que sacan fotos, el gran edificio del Banco Frances, las luces de calle Corrientes, el humo, el tráfico, las largas colas.
Las personas prácticamente corren, como si fuera una maratón. Parece que no se ven entre si, hay que esquivarlas porque caminan sin mirar, como si estuvieran solas y su único objetivo fuera ir cada vez más rápido para llegar a destino, pasar la banderita de llegada y obtener el mejor puesto posible en una carrera en la que se sienten los únicos concursantes.
Salir del túnel es como volver al futuro, sabiendo que existe ese lugar, para cuando uno necesite frenar el ritmo vertiginoso de la vida capitalista de todos los días.

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lunes, 6 de octubre de 2008

UN BARQUITO

No, no digas nada. Ya se que me contradigo y me vuelvo a contradecir…no se…es como que…. No eso no.
Es que a veces siento como que no me querés, porque estas como distante….así todo frió… distanciado… Y yo me quiero acercar y vos pones como una barrera y no la alzas y yo soy la farolera y no puedo pasar… y 2 y 2 no son 4 ni 4 y 2 son seis. Por que el orden de los factores si altera el producto, porque si vos bajabas la barrera una vez que yo cruzaba nos quedábamos los dos juntos del mismo lado y podíamos contar juntos hasta mil, hasta un millón…

Pero no… ¿Entendés? ¿Por que no me dejas pasar? Yo se que nunca te gustaron las matemáticas peor ahora es diferente, nos vamos a marzo juntos…
Aunque a veces vos te abrís y yo me quedo dura, como en los exámenes que se te hace una laguna y no sabes lo que hacer…porque hay mucho agua y yo siento que me ahogo. ¿Por qué siempre es un océano y no un charquito? Como en el que tirábamos los barquitos de papel cuando éramos chicos en La Paternal. Y los dejábamos ir…y nos poníamos tristes si de hundían porque nos imaginábamos las vidas de sus tripulantes y todo lo que habían esperado ese viaje en altamar…
Y ahora…a vos ya se te perdió la imaginación…ni siquiera… seguro ni te acordas de la vez que nos dibujamos a nosotros y nos fuimos a navegar en el barquito de servilleta rosa y esa vez no se hundió, y dijimos que era el destino…
Y ahora vos llenas todo de agua para que yo me hunda o vaciás la pileta para que no me pueda tirar o… tal vez lo haces para que me tire y me de la cabeza en el piso y no me veas nunca mas…no? Eso querés, ¿no?
Claro, porque vos ahora navegas en yate. ¿Sabes qué? No me importa… yo te voy a pinchar las gomas así se te hunde... y cuando estés en medio del océano, ¿qué vas a hacer? ¿O sabes qué mejor? Voy a dejar que se hunda solito tu barco lujoso... así te das cuenta… que las cuentas pueden dar perfectas pero el resultado a veces es negativo…y no tan lejos del cero…el cero que es nada, que es cero….que es más feo que el 4, que no e sin mucho ni poco, que es mediocre…
Y no es que yo no quiera crecer, es que el nivel del río sube de a poco con las tormentas, y yo siempre le tuve miedo a las tormentas…aunque cuando vos me das la mano me tranquilizo. Y la ultima vez me abrazaste cuando escuchaste ese trueno porque sabias que me asustaba. Y lo sabias antes de que yo te lo dijera…Porque vos siempre sabes todo… y yo nunca…
Yo me quedo acá mirando la tormenta por la ventana, asustada…y vos salís, y no tenés miedo de naufragar…y tu barco se va lejos y se hace cada vez mas chiquitito y casi no lo puedo ver…y yo se que vos no estas pensando en mi..y ya no lo veo mas, noo, volvé… dale que ya te pasaste de la línea del horizonte, dale por favor, volvé que me quiero ir con vos.

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viernes, 26 de septiembre de 2008

EL NIÑO CON EL PIJAMA DE RAYAS


Escrito por el joven autor irlandés John Boyne, es una novela corta y de muy fácil lectura, recomendada incluso para chicos desde los 13 años. Con un lenguaje simple el autor retrata un escenario complejo y acerca momentos de la Segunda Guerra Mundial a los ojos de los niños. Pero no se trata de un libro para adolescentes sino de un texto rico en imágenes y sensaciones para ser leído por todos. Si bien mi amiga que me recomendó la novela y el editor, en la parte de atrás del libro, omiten cualquier referencia a su argumento porque "hay que leerla sin saber de qué trata", no creo que con los relglones siguientes arruine la sorpresa. Queda en ustedes continuar leyendo. De todas formas, está a punto de ser estrenada en cine, asi que...
La historia relata una amistad entre dos chicos de apenas 9 años que viven separados por un largo alambrado. Contada desde la perspectiva de Bruno, hijo de un comandante nazi, quien es obligado a abandonar su lujosa casa de Berlín para ir a Auschwitz, donde su papá trabajaba. De ahi en más, en su búsqueda de nuevos amigos, ve a lo lejos un puntito, que luego es una mancha, que de cerca termina siendo un niño. Un niño que también fue obligado a dejar su casa y cuyo padre también trabajaba en Auschwitz, solo que en otras condicionas y siempre, siempre, con su pijama de rayas.

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ENTREVISTA A FANNY MANDELBAUM



ENTRAVISTA REALIZADA EN 2006

Baja del ascensor apurada y con varias bolsas en sus manos. Tiene una pollera, tacos no muy altos y un chaleco de lana cuadrillé. En su cara no hay ni un gramo de maquillaje. “Que sea rapidito”, pide mientras le hace señas a una mujer para que la espere. Así sale de la radio Fanny Mandelbaum, con sus ojos claros, su mirada intensa y esa pasión por su profesión que no puede ocultar al hablar.
Es psicóloga social, locutora recibida en el ISER y después de 35 años de carrera ya tiene cinco Martín Fierro en su haber. Empezó a ejercer el periodismo con más 30 primaveras, fue diseñadora de indumentaria y vivió un año en un kibutz en Israel, de donde volvió para casarse y formar una familia. A pesar de haber conducido junto a Karina Mazzoco y a Laura Oliva dos ciclos del programa televisivo Grandiosas, Fanny cree que “en la radio hay lugar para la imaginación” y que en la tele no. “Tiene una lógica: en la radio hay un micrófono frente a vos y los técnicos están del otro lado de un vidrio que es como una pecera. En cambio en la televisión está el que arregla las luces, el tiraclabes, el camera, el director que te habla por un aparatito que te meten en la oreja y se llama cucaracha, el productor que te hace señas… en vez de poder hablar con el entrevistado y realmente lograr un clima tenés que estar atenta a todo”, explica.


-¿Mira tele?
-Poco. Miro el programa de Silvestre y Bonelli, el de Nelson Castro, el de Santo Biasatti y CQC. También TVR que me fascina y es un resumen de todas las porquerías que pasan durante la semana. La verdad es que cambian tanto los horarios y los canales que me marea. Estos ya sé dónde y a qué hora están y ya me acomodé para verlos.
-¿Tiene algún proyecto para televisión?
-Sí, dos, pero no me dan bola porque tienen que ver con el respeto por la gente y no muestro ni culos ni tetas ni bailo por ningún sueño. Esto es terapia para gente sana y quiero que salga en un canal gratuito, que lo vea todo el país. En Canal 7 no lo aceptaron. Seguiré esperando.
A Fanny, el contacto con “la calle” le genera adrenalina. Fue su placer por hablar con la gente y la curiosidad de saber lo que pasa en todas partes lo que la incentivó a estudiar periodismo. Por eso es una apasionada de la cobertura de móviles: adora estar en contacto directo con los hechos, situarse en el medio del caos y vivir las experiencias en carne propia y sin filtros.
-Usted reivindica el trabajo del movilero y ocupó ese lugar en muchas oportunidades. Sin embargo, ¿no cree que hoy ese rol esta subestimado?
-El problema es que están tomando chicos que están estudiando, que no tienen conocimiento y no investigan porque no tienen tiempo. Entonces, van a hacer las notas con una serie de preguntas básicas y nada más. Como todo va a mil, ni bien entran a un canal los mandan a hacer notas, sin tiempo de saber de qué se trata lo que van a cubrir y sin la menor idea de qué van a preguntar. Todo esto tiene que ver con que los canales creen que ahorran contratando a tres movileros baratos en vez de uno bueno.
-¿Piensa que la fama le quitó algo de ese “contacto con la gente” que privilegia en su labor periodística?
-No, al contrario. Cuando la gente me ve por la calle, me para y me cuenta cosas para yo denuncie al aire y me preguntan porqué no investigo tal o cual caso. Yo les explico que, cuando uno no tiene un programa que te respalde para investigar un tema durante una semana, tranquila y en profundidad, sola no se puede. En el caso de Telenoche Investiga sí, porque se dan las condiciones, ya que llevan meses investigando un tema, viajan al lugar del hecho y luego materializan toda esa información en un programa. Eso me encanta, pero yo no estoy en condiciones.
Antes de ser periodista y locutora Fanny incursionó en el mundo de la moda y como diseñadora de indumentaria creo su propia marca: “Fanny Dress”.
-¿Cómo pueden relacionarse sus facetas de diseñadora de modas y de periodista?
-Es que todo tiene que ver con todo, mis dos facetas se complementan. Si vas a hacer ropa que realmente sea para todos, estás haciendo periodismo, porque el tema de la anorexia y la bulimia tienen que ver con la ropa. Cuando yo diseñaba y fabricaba prendas era un talle 42, y el día de hoy, que aumenté un poco, soy un 44 de mi ropa. Sin embargo, en un negocio tengo un talle 50, y yo estoy segura de que no lo soy. ¡Es todo un negocio! Ambas cosas tienen que ver con la salud, con la psicología, la moda. Y hasta tiene que ver con la discriminación, como que los pobres no pueden entrar a un determinado boliche porque no tienen las zapatillas de marca.
A Fanny se la ve coqueta, pero no sobreproducida. Admite que si bien le gusta combinar los colores que elige en sus prendas, detesta maquillarse, y prefiere “tener poca ropa y buena, que mucha de moda pero de mala calidad”. Pero la Fanny coqueta queda detrás de la Fanny justiciera social, la que denuncia por la radio y se juega por lo que cree. Le dicen la “llanera solitaria”, y con razón, porque ella se encarga de hablar de todo lo que considera injusto. Imposible olvidar su cobertura del caso de María Soledad Morales, en esas primeras marchas del silencio…
-¿A qué temas de la sociedad le gustaría que se les preste más atención?
-Me gustaría insistir con la despenalización del aborto y destapar el tema de la violencia contra la mujer, que acá está tapado. Si agarrás el diario podés ver todos los días un hombre mata a una mujer, y de eso no se habla. Es todo un tema de violencia familiar que luego hace que los hijos sean violentos.
Fanny es una mujer impulsiva, combativa y curiosa. Por eso no sólo trabajó en radio y televisión, sino que también incursionó en la pantalla grande: participó de la película Palermo Hollywood, escrita por Brian Maya, un joven director que es hijo de una íntima amiga suya. “Lo hice porque era él, lo conozco desde que nació”, dice Fanny aunque reconoce que le encantaría actuar, que es “una asignatura pendiente”. Con una mirada cómplice avisa que en cualquier momento va a empezar a estudiar y a buscar trabajo, porque cree que “como no hay muchas actrices grandes”, tal vez consiga algo. “En una de esas, en un tiempo los sorprendo”, remata Fanny para dejar algo de intriga.

EN POCAS PALABRAS

-¿Cuál es tu lugar preferido en el mundo?
-Argentina, Buenos Aires.
-¿Quién es tu ídolo?
-Paloma Efrón, Blacky.
-¿Quién es tu predilecto de la historia argentina?
-Alicia Moreau de Justo.
-Si tuvieras que perder un sentido, ¿cuál elegirías perder?
-El olfato, mi hijo lo perdió en un accidente y a veces tiene memoria olfativa.

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ENTREVISTA A LUCÍA PUENZO




ENTREVISTA REALIZADA EN 2007

Sus ojos claros brillan. Todavía no lo puede creer. Recién llegada del Festival de Cine de Cannes, la escritora y cineasta Lucía Puenzo habla emocionada de su ópera prima en el cine, XXY, ganadora del Gran Premio de La Semana de la Crítica del certamen, del Premio de los Jóvenes Realizadores y de Le Rai D’Or . Protagonizada por Inés Efrón, Martín Piroyansky, Ricardo Darín y Valeria Bertuccelli, XXY se estrena el 14 de junio en Argentina y ya tiene distribución garantizada en España, Francia e Italia. “Nunca lo hubiera imaginado”, asegura.



-¿Cómo fue ver su película en una sala con público por primera vez y en Cannes?
- Sorprendente. No tenía idea de cual podía llegar a ser la recepción. Estaba más consciente de la gente que de lo que pasaba en la pantalla. Fue una experiencia completamente nueva ver que le pasaba al público, que cosas provocaban risa cuando yo no lo hubiera esperado. Noté que liberaban con la risa una tensión que tenían guardada, eran como emociones repartidas entre los nervios y las risas. Para mí eran escenas desgarradoras. En la sala se percibe todo. Alex nació con vagina y pene. A la mayoría de los intersexuales se los opera al poco tiempo de su llegada al mundo, pero el papá de Alex intervino para dejar que la naturaleza siguiera su rumbo. A sus 15 años, deja de tomar los corticoides que impedían que se virilizara y su mamá trae a un cirujano a la casa porque cree que lo mejor sería una “normalización” hacia el sexo femenino. Mientras los adultos dudan, Alex y Alvaro, el hijo del médico, viven valientemente una historia de amor. Esta es la trama de XXY, coproducción argentino-francesa-española que surgió de la adaptación de “Cinismo”, un cuento de Sergio Bizzio, pareja de Lucía. XXY fue filmada en octubre de 2006 en Piriápolis, Uruguay, donde Lucía pasó muchas vacaciones familiares, con sus tres hermanos varones y donde también terminó de escribir todas sus novelas. “Siempre supe que la quería filmar ahí. Es un lugar anacrónico, un balneario que estaba pensado para ser mucho más de lo que terminó siendo”.
-¿Cómo eligió a los actores?
-Empecé a castear chicas y chicos y buscaba chicos más chiquitos, pero XXY se iba poniendo más sexual y más oscura y me pareció que era complejo trabajar con un menor de edad. Inés era tan contraria a lo que yo había escrito: es muy femenina, muy frágil. Tuvimos que buscar mucho cómo iba ser corporalmente Alex. Pero después fue todo vertiginoso. Inés y Álvaro estaban al límite de la adultez, por eso la previa duró sólo dos semanas. Además, Ricardo estaba con el filme La Señal y Valeria estaba embarazada”.
-¿Por qué cree que el tema de la intersexualidad es tan poco comentado?
-Para muchos es un tema incómodo pero que genera mucho interés y curiosidad. Percibo que aunque la gente no sepa nada, cuando escucha algo, quiere saber más. La identidad, tanto corporal como psicológica, es un tema central.
-¿Cómo llegó a interesarse por la intersexualidad?
- Siempre me gustó la literatura y el cine, lo poco que hay, del tema. Es algo que venía investigando hacía mucho, pero nunca tan profundamente, con tanto tiempo invertido en entrevistas con médicos, padres de chicos intersexuales e intersexuales.
-¿Se contactó con activistas intersexuales?
-Sí, con las cabezas de la lucha del movimiento intersex acá y afuera. Creo que la película está alineada con esos movimientos que celebran al lugar de la intersexualidad como elección en sí misma. Con la no elección, con el discurso anti normalización. Para mí ese es el lugar más interesante, con todo el respeto a los que no crean que es así. Al principio tenía más prejuicios con esos papas que habían operado a sus hijos, pero ahora creo que hay distintos tipos de padres, no hay que generalizar. Me encontré con médicos que están en contra de la normalización, pero plantean que depende de cada caso.
-Los genitales de Alex no se muestran. ¿Qué otras cosas evitó para no caer en el sensacionalismo?
-Tenía claro que no había ninguna necesidad de mostrar nada porque no era lo importante y que la pulsión de muchos espectadores iba a estar en querer ver algo que no tenía que mostrarse. Hay una relación de tanta cercanía con los adolescentes, yo entiendo tanto todo los que le está pasando y cuando un director esta ceca de sus personajes no hay más sensacionalismo. Se percibe que la historia esta enamorada de Alex, ella es la heroína del relato, ella y él. En Europa, la austríaca Elizabeth Scharang dio a conocer el tema de la intersexualidad en el documental Octopus Alarm. El filme muestra tres años de la vida de Alex, un joven intersexual que nació con genitales masculinos y a los dos años, tras reiteradas cirugías, le amputaron sus testículos para crearle una vagina. Octopus... fue exhibido en el festival de Berlín 2006. Lucía lo descubrió cuando ya estaba escribiendo la sexta versión del guión de XXY, con su protagonista, la adolescente hermafrodita también llamada Alex. Semejante coincidencia ameritaba un encuentro. Lucía se encontró con Alex en París: “Fue una riqueza conocerla. Recién viendo el documental y charlando con Alex entendí el pasaje que hizo de mujer a hombre a volver al lugar del intersexo. Antes, mi película estaba plantada en el dilema de elegir entre lo femenino y lo masculino. Después me di cuenta de que la pregunta va por otro lado”.
-¿Fue una señal?
-Sí, cuando uno escribe está tan abierto que todo lo vive como si fueran señales. Alex me hizo cambiar el foco de lo que estaba escribiendo. Ahora cuando vaya a Munich voy a contactar a Alex para que vea XXY y me diga que opina.
AMANTE DE LO AMBIGUO


Conoció el cine desde la cuna pero inició su carrera como escritora a los 20 años, cuando publicó su primera novela, El niño Pez. Lucía Puenzo, hija de Luis, el director de La historia Oficial, se interesa en temas de la niñez y la adolescencia tanto en sus textos como en sus guiones de cine y TV (Disputas, Sangre fría). También lo hizo en XXY, su ópera prima cinematográfica que ganó tres premios en el Festival de Cine de Cannes. Tal vez porque esta mujer de ojos claros y hablar espontaneo, en el fondo, sigue siendo una nena, que con su mirada curiosa mantiene esa magia que caracteriza a los niños, imaginativos, ingenuos, frágiles. “Siempre empiezo las novelas y los protagonistas son adultos, pero después van quedando en un segundo plano. Tal vez eso cambie cuando yo crezca. Creo que la adolescencia es un momento de la vida tan poderoso y ambiguo que siempre tiene mucho material dramático para trabajar”. Además de su multipremiado debut cinematográfico, acaba de editar su nueva novela: La maldición de Jacinta Pichimahuida (Interzona), que relata el destino trágico de los protagonistas del programa televisivo. Pero Lucia no quiere tener que elegir entre un medio o el otro, prefiere quedarse en la ambigüedad y en el cambio, aunque asegura: “El silencio de estar en mi casa escribiendo novelas es incomparable a cualquier otra cosa. Pero funciona muy bien una cosa como recreo de la otra. Es la ecuación ideal”. Acostumbrada a escribir para otros, ahora Lucía descubrió que prefiere sus propios proyectos. No escatima ni en pasión ni en emociones. Se entrega de lleno a cada uno de sus trabajos. Tiene mucho para dar, quiere compartirlo y todavía le queda un largo camino por recorrer. Su próximo proyecto: está escribiendo una novela y adaptando El niño pez para llevarlo al cine.




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ESCAPAR PARA SOBREVIVIR

ARTÍCULO ESCRITO EN 2005

José Drutman es judío polaco y llegó a Argentina en 1950, a los 35 años. Su primer escape fue hacia la Unión Soviética cuando comenzó al Segunda Guerra Mundial. En 1945 fue movilizado al ejército polaco y al terminar la guerra fue a Italia por tres años. Un tío lo convenció de venir a Argentina, a donde entró ilegalmente desde paraguay.

Cuando nació, en 1915 en Polonia, jamás imaginó que estaría hoy en Argentina contando los vaivenes de su historia. En su casa, sobre una mesa con un mantel verde, como las de los casinos, Jose Drutman, con sus 91 años, relata orgulloso el largo camino que lo condujo hasta Buenos Aires. Los anteojos oscuros que tiene puestos no permiten ver si sus ojos se llenan de lágrimas o si parpadea, pero hay momentos en que su voz quebrada revela su emoción.
Nació el 27 de abril de 1915 en Varsovia, capital de Polonia. “Vivíamos en un departamento de clase media, no era nada lujoso”, describe José y explica que, en ese entonces, en la ciudad vivían muchos judíos, de todas las clases sociales, pero en su mayoría no tenían industrias importantes, casi todos eran sastres, zapateros o hacían carteras. Había muchos templos y los miembros de la colectividad se reconocían por la vestimenta ya que eran religiosos, llevaban sombreros y el pelo y la barba largos. “Casi todos vivían por la zona norte de Varsovia, era como es el barrio de Once acá”, comenta para acercar aquella época a la actual.
-¿Cómo estaba compuesta su familia?
-Éramos mis padres, tres hermanos y dos hermanas. Yo comencé a trabajar a los 15 años como metalúrgico, cuando termine el colegio primario, porque había que aportar a la casa ya que no alcanzaba el dinero. Mi padre trabajaba muy poco y mi mamá no porque éramos 5 hermanos y nos tenía que cuidar. En general, sólo las mujeres sin hijos trabajaban, eran modistas de talleres, hacían de tejido de punto, esas cosas y las más jóvenes eran niñeras o trabajaban en algún negocio.
José agrega que estudiaba Biblia y tradición, iba semanalmente al shil (templo) y festejaba todas las fiestas religiosas. “Ahora solo respeto las fiestas más importantes, Iom Kipur (el día del perdón) y Rosh Ha Shana (año nuevo)”, se lamenta José, a quien pertenecer al pueblo judío lo marcó de por vida.
-¿Por qué decidió irse de Polonia?
-Todo empezó cuando en 1939 comenzó la Segunda Guerra Mundial. En realidad, mi hermana ya había emigrado a París en el 37, tenía allá a su esposo y ya se sentía el antisemitismo tanto dentro como fuera de Polonia. Como mi hermana intuía que se venían tiempos difíciles, nos dijo a mí y a mis hermanos que nos escapáramos. En París había una exposición mundial y permitían ir a turistas, pero al término, tenían que volver a sus países. Mi hermana consiguió, con ayuda de un amigo, que mi hermano se fuera a Londres, donde estuvo cinco años en el ejército ingles.
José también se escapó, pero a Rusia. Con las imágenes de los hechos presentes en su cabeza como si hubieran ocurrido ayer, describe paso a paso como fue su viaje por el mundo. “Fue un día a las 6 de la mañana, después de que me detuvieron, me hicieron trabajar forzadamente y me pegaron, aproveché que estaba cerca de la frontera con Rusia y pasé con cuatro compañeros. Todos los jóvenes que podían se escapaban”, explica. “Fuimos a un pueblo a un kilómetro de la frontera y allá nos detuvieron los ferroviarios alemanes. Nos dejaron hasta la madrugada sin comer, nos pegaron de una manera terrible, por cualquier cosa, y nos hicieron trabajar”, relata José… pero de pronto se frena. Luego de unos instantes de silencio, levanta la cabeza, como anunciando que lo que iba contar era importante, y continúa con su historia: “Estábamos en el medio del bosque, era todo oscuro y hacía frío. De pronto uno de ellos sacó una pistola empezó a disparar hacia el cielo. Dijo que si en 5 minutos no so íbamos, nos mataba a todos. Tenía miedo, no sabía que hacer”, reconoce.
-¿A dónde fueron luego?
-A una zona neutral, pero no era fácil entrar, había gente que estaba esperando hacía días. Después de un tiempo, no se cuánto, un comandante ruso abrió el portón y nos dejo pasar. Ahí empezamos la lucha; en la primera ciudad a la que fuimos no teníamos donde dormir ni que comer, estábamos en la calle y a veces nos daban algo de sopa. Un día salieron avisos para anotarse en unas listas para ir a trabajar a Bielorrusia. Hicimos cola toda la noche, imagínese que toda la gente quería anotarse. Me anoté y fui para allá, había poco trabajo, era un pueblo chico. De ahí, fui a Minsk, que era la capital, donde trabajé en una fábrica de carteras y valijas. Pero cuando estalló la guerra me tuve que ir, porque al estar cerca de la frontera podían bombardear fácilmente.
-¿A dónde se escapó esta vez?
-Me tomé un tren que estaba lleno de gente, y fui hasta otra ciudad más lejana, donde había personas escapando de todas partes. Y ahí de nuevo las listas para ir a trabajar a Liberia o a Uzbekistán. Yo elegí Uzbekistán, pero no pude quedarme en la ciudad principal, estaba prohibido y si veían tu pasaporte, que era distinto al de los nativos, no te daban trabajo, porque creían que eras un espía. Durante ese tiempo me enfermé y estuve internado un tiempo. Había una epidemia a causa de la suciedad y las malas condiciones en se vivía, los hospitales e iglesias estaban llenos de enfermos que morían unos tras otros, a la par de la guerra. Cuando me curé, en los primeros meses del 45, me movilizaron a Polonia a formar parte del ejército polaco. Nos llevaron, junto con otros soldados y sargentos, al crematorio de Maidanek, en Polonia. Ahí habían matado a un montón de gente en las cámaras de gas, fue muy duro.
Cuando terminó la guerra, lo liberaron del ejército y se escapó una vez más, ahora hacia Italia, donde se casó y pasó tres años. Pero la situación ahí también era difícil, vivía en hoteles y no tenía trabajo. “Los italianos nos recibieron muy bien, nos regalaban frutas; pero nosotros no queríamos depender de la ayuda de los demás”, explica José.
-¿Por qué decidieron venir a Argentina?
-Un tío de mi señora, que estaba en Argentina, nos mandó a llamar, pero tuvimos que cruzar en barco hasta Río de Janeiro. De ahí fuimos a Paraguay, donde estuvimos 3 meses y cuando quisimos entrar a Argentina, nos detuvieron en Posadas por cuatro meses. Finalmente ingresamos al país en unas lanchas, tardamos como ocho horas, había gente que esperaba a los inmigrantes y les cobrara para cruzarlos.
-¿Que pertenencias llevaba consigo de lugar en lugar?
-Sólo lo que tenía encima, había que empezar siempre de cero, sin nada.
Cuando llegó a Argentina, le gustó el país. “Argentina no tenía la culpa de lo que me había tocado vivir”, reflexiona. Se instaló con su tío, empezó a conocer gente y aprendió el idioma fácilmente, ya que dice tener “muy buena memoria”. Después de nueve meses, fue con su esposa e hijos a un departamento cerca del negocio de metales de su tío, donde trabajaba. “La primera casa que alquilamos era una tragedia y logramos pagarla porque teníamos pensionados. Después de un tiempo, me encontré con un amigo que había conocido en Río de Janeiro y empezamos a exportar lana a Brasil, así logré alquilar mi primer coche”, cuenta orgulloso.
-¿Cree que era más fácil progresar antes que ahora?
-Si, ahora es todo mucho más difícil. Aunque en esa época yo tuve que hacer todo ilegalmente, porque no pude regularizar la documentación apenas entré, ya que te solicitaban los datos del barco en el que habías ingresado al país, y yo había entrado en negro.
Así luchó toda su vida hasta que se jubiló, dos años después de que su mujer enfermara. “Yo quería estar con ella, y estaba solo con el negocio, así que me jubilé. Ella estuvo enferma 20 años y falleció en el 88”, cuenta con los ojos llenos de lágrimas y agradece por la entrevista ya que le “encanta contar lo que vivió”.

LAS PARADAS DEL CAMINO

-José Drutman nació en Varsovia, Polonia en 1915. Tenía dos hermanas y dos hermanos y trabajaba de metalúrgico para ayudar en su hogar
-Se escapó a la Unión Soviética en 1939, cuando comenzó la segunda Guerra Mundial
-Viajó a Bielorrusia a trabajar en Minsk en una fábrica de carteras y valijas
-Se escapó hacia otra ciudad
-Se anotó para viajar a trabajar a Uzbekistán
-Se enfermó y estuvo internado durante varias semanas
-En los primeros meses del 45, fue movilizado para formar parte del Ejército polaco. Lo mandaron al campo de exterminio de Maidanek
-Cuando terminó al guerra, en 1945, lo liberaron de ejército y escapó a Italia
-Se casó
-Cruzó el océano hasta Río de Janeiro
-Estuvo en Paraguay unos meses
-Lo detuvieron en Posadas, cuando intentaba ingresar a Argentina
-En 1950, por fin pudo entrar ilegalmente al país, en una lancha

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ENTREVISTA A CAMILA SALAZAR


PUBLICADA EN REVISTA 7 DÍAS (2007)

Tiene 15 años y es la hermanita menor de Luciana Salazar. No le molesta que la identifiquen así. Es una de las estrellas de Patito Feo y tiene claro que en parte su llegada a la televisión fue gracias a Luli. Es desenvuelta, espontánea y derrama simpatía. Pero como diría Guillermo Francella ¡es una nena!

-¿Cuándo decidiste que querías ser actriz?
-Desde chiquita me gustaban los actos en el colegio y siempre quería ser el personaje que habla. Pero la decisión la tomé cuando empecé en Rincón de Luz, a los 11 o 12, ahí ya dije quiero estudiar esto porque amo la actuación.
-¿Cómo llegaste a Rincón de Luz?
-Me hicieron una nota en Caras con mi hermana y me preguntaron qué programas me gustaban y si quería trabajar. Yo dije Rincón de Luz y ahí tuve una entrevista con Cris Morena que me preguntó si quería estar en su programa. Le dije que sí y trabajé en desde julio hasta fin de año. En esa época estudié dos meses con Hugo Midon, pero con el tema del colegio se me complicó y tuve que dejar. Cuando termine la escuela pretendo estudiar todo lo que es arte dramático y también producción.
-¿Te va bien en el colegio?
-Estoy en tercer año del Misericordia de Belgrano. Me va bien por suerte. Ahora el trabajo me trae mas exigencias, entonces el primer tiempo libre que tengo lo uso para estudiar y darle a fondo. Es la primera vez que en la secundaria me queda sólo una materia baja, con 5.5, cuando yo era de tener dos o tres bajas.
-¿Qué dicen tus compañeros ahora que te ven por televisión?
-No cambio nada desde que trabajo. Con mis compañeros estoy desde salita de 4. Son re divinos, tengo mi grupito ya armado desde que soy chiquitita. Conozco a todos los chicos de todos los años y no tengo problemas con nadie, ni hay diferencias ni envidia.
-¿Cómo tomaron en tu casa tu carrera?
-Mi hermana está chocha de la vida porque es lo que ella siempre quiso hacer. Siempre me dice que le encanta ver que yo estoy cumpliendo la carrera que ella quiso empezar de chiquita y por las cosas de la vida empezó de grande. Me dice que disfrute a mil. Y mis viejos también me re apoyan en esto, saben que es lo que me gusta hacer.
-¿Te comparan con Luli?
-No sé si me comparan, pero la gente me pregunta si soy la hermana de Salazar. Hay veces que está bueno, que me dicen que le mande saludos que es una diosa. Pero otras veces es feo porque te das cuenta que lo preguntan de mala onda. A mí los comentarios me entran y me salen de la oreja así que no me hago problema ni mi familia tampoco.
-¿Te molesta ser reconocida como “la hermana de”?
-No, creo que todo lo que conseguí fue gracias a ella, no tiene por qué molestarme. Por más de que la gente diga que estoy acomodada. Bueno, gracias a dios, por ser “la hermana de”, estoy trabajando en un programa que es un éxito. Obviamente que por mi parte yo lo conseguí, pero llegué a la televisión gracias a Luli.
-¿A tus compañeros de elenco les molesta eso?
-No, para nada. Acá hay un grupo re unido, nos llevamos todos re bien. En Rincón de Luz había más diferencia de edades y subgrupos. Acá somos todos de la misma edad así que nos llevamos perfecto, salimos todos los días juntos.
-Nada que ver con las divinas y la banda de Patito...
-Nada. Todo lo contrario.
-¿En qué te pareces a Caterina, tu personaje?
-Camila y Caterina son dos personas muy diferentes. Creo que lo único que se asemejan...
El sonido del celular interrumpe la conversación. Camila pide disculpas y atiende: “Hola papi vení en un ratito que me están haciendo una nota... No vení vos, ya hablé con mamá... Dale pá, te dejo que estoy en una nota. Chau”. Camila retoma la charla.“En lo que más se asemejan Caterina y Camila es en la colgadez. Yo vivo en la luna de valencia, me podés estar hablando y yo capaz estoy pensando en otra cosa pero a la vez te escucho. Esas cosas le pasan a Caterina. Y también soy media romanticona como ella, pero no sé hasta qué punto, porque ella es muy insulsa, cae en las cosas ochenta días después de que pasaron. Esa cosa aniñada yo no la tengo, pero está bueno jugarlo así porque en Caterina descubrí cosas que nunca en la vida había encontrado y las voy integrando a mi vida.. Ya hice de mala, de buena, ahora Caterina es mala pero a la vez buena.
-¿Te identificas con el grupo de Las Divinas o con el de Patito?
-Me identifico más con las divinas, no en el sentido de que soy mala y critico a todo el mundo porque nada que ver, pero me identifico más con la onda de ellas porque siempre están metidas en líos y a mí me encanta. Siempre en todos los líos en el colegio está metida Salazar. Y me re divierte. Me identifico con eso de hacer, no maldades, cosas para no tener clases y que quede involucrado todo el curso y que firmen todos, siempre estoy metida en el bardo.
-¿Qué fue los peor que hiciste en la escuela?
-¡Uh! ... (piensa) No, esta no te la cuento porque fue hace poco y si se llegan a enterar que fuimos nosotras nos matan (risas) Una vez metimos una rata en el ascensor del colegio y la vio una profesora, y tipo nada, no paso nada. Se dieron cuenta de que era un jamster de laboratorio y pobre animal no sé que le hicieron. Siempre empezamos a gritar en el medio del aula, hacemos ruidos de animales, y vienen todos los preceptores, y dicen: firma colectiva. Me mato de risa, la paso tan bien en el colegio.
-¿Con el baile cómo venís?
-Con el baile... (risas) Creo que voy bastante bien por no haber bailado nunca. Me la rebusco. Por ahí me ayudó que de chiquita estudié patín artístico y gimnasia artística. Tampoco soy quien para juzgar si bailo bien o mal, pero dentro de todo creo que bien.
-¿Sos de preocuparte por tu cuerpo?
-No, tengo 15 años, ¡déjenme vivir la vida! Es más, acá todos me cargan porque como mucho pero sí, como mucho y quiero crecer bien. Igual en cierta forma trato de no excederme, porque todo en exceso hace mal. Como lo necesario, respeto todas las comidas, salvo a veces el desayuno que por el colegio a veces tomo un Actimel y nada mas, que después lo compenso en el colegio con un sándwich. Y a veces la merienda porque acá estamos ocupados. Pero como bien, no estoy pendiente de mi cuerpo. Jamas se me ocurrió hacer dieta, espero no meterme en esos mambos todavía...
-Ninguna operación en mente...
-No, por ahora no. Ahora digo que jamas en la vida pero capaz de acá a 20 años soy una vieja arrugada y me quiero hacer un lifting en la cara. Estaría bueno. Pero ahora no, ni de tetas ni de nada.
-¿Te interesa el modelaje o sólo la actuación?
-De chiquita hacia publicidades y desfiles, pero más que nada me encantaría hacer alguna campaña de ropa. Igual me veo más en televisión y teatro, a mi me pones unos tacos y soy un desastre caminando. Me gusta que la vida me sorprenda y tal vez en un futuro aprendo a caminar con tacos y tengo un cuerpo ¡uh! espléndido y termino siendo más modelo que actriz. Pero me siento más identificada con la televisión.
-¿Trabajarías con Playboy, como tu hermana?
-Sí, que sé yo. Ahora soy chica para eso pero dentro de unos años sí. Yo siempre tengo la esperanza de algún día hacer un programa con mi hermana Luciana y creo que me re divertiría hacer Playboy. Además ella me cuenta que la pasa re bien y que la re cuidan. Es más, ahora creo que la va a volver a hacer. No es que te super expones, mi hermana hizo Playboy poniendo condiciones de no mostrar algunas partes demasiado íntimas. Son experiencias de vida, me encantaría probar.
-Tu hermana es un sex symbol, ¿qué dice papá?
-Al principio fue re duro y más para él, que es el típico padre de cuatro mujeres. Imaginate cómo nos tenía a las cuatro: son todas mías decía. Fue medio difícil pero igual él estaba acostumbrado por mi tía Evangelina, al margen de que ella nunca se mostró así como mi hermana Luciana, pero fue una gran actriz y mi viejo tuvo que vivir todas las de acompañarla a grabar y todo eso. De alguna forma la entendió a mi hermana, pero le chocó un poco que saliera en tetas y esas cosas. Con el tiempo se fue amoldando y dijo ya está, si a ella le gusta está bien.
-¿Con tu tía Evangelina cómo te llevás?
-Me llevo re bien, siempre con mi familia tuvimos una relación muy buena. No nos vemos siempre, ellos vivieron mucho tiempo en Estados Unidos y cuando vienen acá viven en el campo. Pero nuestra relación al ser muy lejana es muy cercana. Cuando nos vemos, aunque es poco tiempo, nos contamos todo. Mis primos también son divinos. A Sebi lo veo acá todos los días porque está grabando La Lola. Los quiero tanto a mis primos.
-¿Tendrías una relación con alguien más grande, como tu prima Rosario con Joe Fernandez?
-No sé cuántos años le lleva, pero a mí de por sí me gusta que el hombre sea más grande.
-¿Tenés novio?
-No nada, por ahora nada. Y menos en esta época en que no tengo ni tiempo para mí. El día que tenga un novio me gustaría dedicarle todo el tiempo y todo mi amor a esa persona. Y ahora de ese tiempo no dispongo así por ahora prefiero evitarlo.
-Pero seguro va a ser más grande...
-Sí, obvio. A mí siempre me gusto ver la imagen masculina mas grande que la femenina. Creo que e salgo de familia, mi papá es más grande que mi mamá y el marido de mi hermana es más grande que ella. Yo tengo amigas que su mamá es más grande que el papá y no lo ven tan chocante. Yo si lo veo medio fuerte, pero por ahí la vida me termina mostrando algo diferente y termino saliendo con un hombre más joven que yo.
-¿Hay alguna actriz a la que admires?
-Actriz no, cantante sí. Madonna. Es la ídola de todas las hijas Salazar. No paso de largo por ninguna, ya desde chiquita yo escuchaba a mis hermanas cantar y se me contagió.
-¿Y cantás bien vos?
-... (Risas) Pone puntos suspensivos... Sí, que se yo, capaz yo me tiro abajo, pero no soy tan mala cantando, pasa que soy medio afónica y me juega en contra. Pero entonada soy y tengo oído, así que por ahí si arreglo eso de la voz, quien dice que no termino sacando un Cd con mi hermana.
-Me tiraste una bomba...
-No, no sé todavía, pero me encantaría.





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